Divinidad que personifica, en el panteón cananeo, el concepto de la muerte. Se le describe como un ser temible y voraz, algo o alguien que no puede quedar satisfecho consumiendo dioses y humanos por igual.
Aparece del caos primordial, lo que refuerza su rol como un fuerza elemental en el Universo, Su presencia es un recordatorio constante del equilibrio entre la vida y la muerte y su carácter ineludible.
Deidad semita de la muerte, el inframundo, de la aridez y el calor del verano, considerado hijo de El. En Urgarit, era conocido como el dios de la sequía y el calor abrasador, que vivía en las arenas del desierto. Es el señor de la muerte, un ser poseído por un hambre insaciable de carne y sangre humana.
Desafía a Baal (señor de la vida), en un combate que tiene lugar en los confines de la tierra. Tras un intensa lucha Baal es derrotado y muerto: la tierra se vuelve estéril y los dioses caen en un estado de gran preocupación. Anat (hermana de Baal), al conocer la noticia, va en busca de su cadáver para darle su merecido entierro. Sin embargo, gracias al tratamiento mágico que le había dado su hermano, resucita a Baal y éste se enfrenta de nuevo a Mot.
El combate es más feroz que el anterior y ambos se muerden como serpientes, aunque ninguno sale vencedor. El, envía un mensajero a Mot, para que deje vivir a Baal, con el fin de que éste pueda cumplir su trabajo de fertilización de la tierra y que cada uno reine tranquilamente en su reino: Baal, por arriba de la tierra y Mot, por debajo, en el infranundo
