Duendes que vivían en lugares subterráneos y tan diminutos que caben un centenar en un canutillo para guardar las agujas. Hay que guardarlos bien cerrados porque son muy difíciles de capturar. Eran capaces de hacer en poco tiempo trabajos enormes.
Cuando se les necesitaba se destapaba el canutillo y salían gritando «comida o trabajo». Había que darles las órdenes claras para realizar los trabajos. Acabado el trabajo se les volvía a encerrar en el canutillo.
Eran capaces de hacer grandes destrozos y disparates si estaban libres y desocupados.
