Teshub

por | 19 mayo 2017

Entre los hijitas y los hurritas, el dios de la tormenta, el trueno, la lluvia, los relámpagos y la fertilidad. Se le representa de pie o viajando en el carro o sobre las espaldas de los toros: Seri (día y  Hurri (noche). En una mano sostiene un mazo o un hacha de doble hoja y en la otra un rayo. Su consorte es Hebat (diosa solar o madre celestial) y se menciona a Sarruma (dios de la montaña) como su hijo.

– Mito de nacimiento de Teshub. Al principio reinaba  Anu, el señor del firmamento, su hijo Kumarbi, señor del inframundo, ambicionaba la corona de su padre, pues no aceptaba su lugar entre las sombras. Un día se alzó contra su padre, se enfrentó a él con una fuerza desatada, le mordió los genitales, tragándoselos y le quitó su poder. No solo destruyó al dios, sino que absorbió el germen de nuevas divinidades. Kumarbi fue un dios embarazado, lleno de pode y también de dolor.

En su vientre crecían los hijos de Anu, que estaban destinados a cambiar el destino del cosmos. Entre ellos estaba Teshub, el futuro dios de la tormenta. Cuando Kumarbi lo sintió crecer, intentó destruirlo, pero la vida ya había germinando. Pidió ayuda al sabio Ea y Teshub nació, no de amor y  ternura sino de rebelión y lucha. Le criaron los vientos de las montañas, se alimentó del trueno y fue bañado por la lluvia.

Cuando alcanzó la fuerza suficiente, se alzó contra su padre, repitiendo el acto: el hijo desafiando al padre, el cielo desafiando a  las profundidades. Teshub derrotó a Kumarbi y se convirtió en el señor del cielo, destronando a su padre. Tomó lugar en el trono de los  vientos, con los rayos como cetro y las nubes como corona.

– Mito de la serpiente Illuyanka.  Al principio cuando aun  reinaba el caos, surgió de las aguas profundas del abismo, un monstruo con un cuerpo tan desmesurado que no se veía el fin, con colmillos de trueno y ojos de fuego, era el dragón serpiente Illuyanka. Se enfrentó a Teshub en una gran batalla, donde venció el dragón por astucia y velocidad. Arrancó los ojos y el corazón de Teshub y éste ciego, humillado y debilitado cayó del cielo, que se quedó en un silencio absoluto, las lluvias cesaron y la vida tembló ante la presencia de la bestia.

Teshub, con el orgullo maltrecho, se escondió en las montañas, pero no olvidó la afrenta y planeó su venganza. Para llevarla a cabo pidió la ayuda de un humilde campesino, Hupasiyas,  al que prometió la mano de su hija a cambio de su ayuda. El hombre aceptó y juntos trazaron un plan. El cebo fue la hija de Teshub, a la que enviaron para que sedujera a Illuyanka. El dragón atraído por la muchacha bajó la guardia y en una noche de engaños, mientras dormía le quitaron los ojos y corazón de Teshub. Con sus poderes restablecidos, el dios se alzó, el cielo retumbó de ira y los rayos cruzaron los valles como lanzas por el aire. En una batalla colosal, Teshub venció al dragón, clavándole en el suelo con un gran trueno.

– Mito Ullikumi, el Gigante de Piedra. Kumarbi, desterrado en las entrañas de la tierra, no olvidaba su derrota y el odio por su hijo de instaló en su corazón, deseaba y soñaba con la caída de Teshub, con el cielo rompiéndose bajo de peso del caos. Creó un nuevo ser , nacido del mar y de la roca, un coloso mudo, alto como una montaña y fuerte como la misma tierra. El gigante Ullikumi, que así se llamó al nuevo ser, crecía sin cesar, era tan alto que tocaba nubes y seguía creciendo sin que nada ni nadie pudiera detenerlo.

Teshub, intentó frenarlo, volaron truenos, cayeron rayos, pera nada hacia efecto en el  coloso, que seguía creciendo. Los dioses temblaban igual que las montañas a su paso y su sombra oscurecía el mundo. El sabio Ea, pensando en una soluciono, recodó que en su poder tenían la sierra mágica, la que usaron pasa separar la tierra del cielo. Después de consultarlo con Teshub y los demás dioses, la cogieron y bajaron con ella a los cimientos de la tierra. Cuando el gigante estuvo en lo más alto, los cortaron desde la base, separándole de la tierra que la daba la fuerza. Ullikumi cayó con un estruendo que hizo que el mundo temblara y las aguas se lo tragaron.

El cielo volvió a abrirse y una vez más, Teshub, salvó al mundo, consolidando su trono como dios de la tierra y señor del cielo.