Dios del mar, en la mitología mesopotámica, personificando sus poderes. El dios supremo, El, le construyó un palacio y le otorgó los títulos de “señor del mar” y “corriente del mar y del océano”. Se convirtió en un dios poderoso, inquieto y rebelde, que ponía en peligro la costa del Mediterráneo, pues era el dueño de las aguas supremas capaces de inundar la tierra. Se le representa como un dragón o serpiente de siete cabezas.
Solicitó a la asamblea de los dioses, que le entregaran a Baal (dios de las tormentas) para ponerlo a su servicio, pero Baal se negó y le retó a un combate. El vencedor fue Baal, quien mantuvo a raya a Yam y es quien le impide que pueda desbordarse su antoj
