Dios de la agricultura.
Cuenta la leyenda que un día Telipinu, se despertó furiosos y muy enojado, sin saber el motivo, Podía haber sido un mal sueño, no sabía el porque de aquel enojo. Decidió escapar y con sus prisas, se calzó la bota derecha en el pie izquierdo y la bota izquierda en el pie derecho A pesar de esto se fue.
Al desaparecer el mundo quedó sumido en nieblas y nada crearía, el país sufría calamitosas repercusiones: el fuego se apagaba en los hogares, los dioses y hombres parecían exhaustos, las ovejas y vacas desatendían a sus crías, el amor entre hombres desapareció y tanto ellos como los animales olvidaron su fertilidad y procreación.
Muy preocupado por el desastre, que se avecinaba el dios de la tormenta, se dirigido casa des su hijo (Telipinu) para averiguar que ocurría, Después de llamar con su poderoso martillo y ver que si hijo no estaba, buscó a Hannahama (diosa madre de los dioses) para preguntarle si conocía el paradero de su hijo.
Ella tampoco sabía donde se encontraba y el dios alarmado, le pidió que averiguara lo mas rápido posible su paradero, pues la creación se estaba muriendo. Ambos decidieron enviar un águila de vista aguda para buscarlo, pero ésta no encontró nada. Al regresar sin noticias, Hannahama, decidió enviar a un abeja en su busca y con instrucciones, a pesar de las protestas del dios.
La abeja después de unos días de infructuosa búsqueda, lo localizó en un prado de flores muertas, durmiendo. Siguiendo las instrucciones de la diosa, pinchó a Telipinu en los pies y las manos y untó abundante cera en sus ojos.Pero no salió bien, pues después de que Telipinu ahuyentara a la abeja de malos modos, provocó que los cauces de los ríos crecieran en desmesura e inundaran y destruyera las casas de las aldeas que encontraba su paso.
Al ver que su solución traía mas caos, decidieron llamar a la diosa de la magia Kamrusepas, para ver si con sus conjuros podía resolver esta calamidad. Así lo hicieron y la diosa sin perder tiempo, se situó en la cima de una montaña, donde había 12 de los carneros más bellos de toda Haiti
Gritó su conjuro: “Guardián del infierno, abre las siete puertas con la siete cerraduras, recibe en tus calderos de bronce y hierro, la ira, la malicia y la furia de Telipinu y que no regrese”. Acabado este conjuro sacrificó una oveja. De otra sacó el vello mas fino y lo colocó en un poste, donde el pueblo depositaba sus ofrendas.
Después de esperar un rato, finalmente el diluvio cayó, era una lluvia pura y la tierra empezó a florecer de nuevo, la vida comenzó a dar frutos. Pasado otro rato, apareció Telipinu, a lomos de un águila y rodeado de rayos de tormenta. Miró las ofrendas y se sintió mejor, dejando ir su ira.
Por miedo a que la ira regreses al cuerpo de Telipinu, el pueblos le ofrece ofrendas a diario.
