Guan Yin

por | 18 septiembre 2024

Diosa de la misericordia y la compasión, en la mitología china. Su nombre completo, Guan Shi Yin, significa ”aquella que escucha las quejas del mundo”. Con sus miles de ojos, puede ver las desgracias de cada uno y sus 20 pares de brazos acuden en su ayuda.

Se la representa vestida de blanco, sobre un pedestal de loto, en una mano sujeta una rama de sauce y en la otra un jarrón de agua pura. También es la  patrona de los marineros y pescadores, ellos la describen llevando un canasto de mimbre.

Hay varias leyenda en torno a ella, una de ellas, es la siguiente:

Hace muchos años, el rey de un pequeño estado de China, llamado Miao Zhoug, tenía tres hijas, a las que quería casar con familias acaudaladas, para que no les faltara de nada. La benjamina, llamada Miao Shan, no estaba en su planes casarse, deseaba ser una monja budista y mejorar su cultura espiritual, para así ofrecer la salvación del mundo. Después de discutir con su padre, éste no quiso oír hablar más del asunto y desterró a su hija enviándola al exilio.

Pasaron los años y el rey enfermó gravemente. Consultaron a médicos, astrólogos y nadie sabia que mal le aquejaba y cuan era el remedio para curarse. Se encontraron a un monje que estaba visitando el reino y le preguntaron si podía ayudar al rey. Éste después de visitarlo le dijo que el único remedio que había era: ingerir una poción destilada de los brazos y ojos de alguien que estuviera dispuesto a entregarlos, sin recibir nada a cambio.

El rey imploró ayuda a sus hijas, pero éstas se negaron a ayudarlo. En vista de la situación el monje acudió en su ayuda y sugirió que en la Montaña Perfumada, vivía la pusa de la compasión, que le podía enviar un mensaje suplicando su salvación. 

El monje era en realidad, una transformación de Miao Shan, que después de varios años de ardua práctica espiritual, se había convertido en pusa y de esta manera pudo acceder al rey para su sanación

Recibió en el templo, en su forma habitual, al mensajero del rey, después de escucharlo le  explicó que esta enfermedad era el castigo por sus pecados, pero su deber como hija  era ayudarlo y que así lo haría. Se arrancó lo ojos y se amputó los brazos y se lo entregó al mensajero para que  se los llevase.

Cuando el mensajero llegó al reino, el monje reapareció y preparó el brebaje para el rey, que después de tomarlo, se recuperó milagrosamente. Cuando fue a darle las gracias, el monje le respondió: “mejor agradécele a quien se sacrificó por ti”. El rey partió de inmediato a la Montaña Perfumada, para dar la gracias a al pusa, pero al llegar ahí, vio a su hija ciega y sin brazos. Entonces se dio cuenta de que se había sacrificado por él y con lágrimas en los ojos le pidió perdón, por todo lo que le había hecho sufrir. Sin embargo Miao Shan, lo recibió bondadosamente y lo invitó a vivir con compasión y practicar el  budismo.

Poco después, se transformo en la imagen divina de una pusa, recuperando su vista y sus brazos.