Marduk

por | 30 noviembre 2014

Dios supremo del sincretismo religioso babilónico a partir de Hammurabi, quien destacó sus caracteres de señor de la creación y legislador; también era el dios del destino, ya que era el poseedor de las Tabletas del destino y centro de cultos mistéricos.  Es el organizador de universo, constructor de la morada de los dioses, maestro de la vida, el gran curandero que sustituyó a Ea en todo los relativo a los encantamientos mágicos. Era el dios supremo de los babilónicos en Esagila, teniendo como animal sagrado al fabuloso dragón Sirrusch, vencedor de la diosa Tiamat. Su templo, el Esagila, era un zigurat. Aparece blandiendo un Marru (azada) y domando un dragón-serpiente. Se le asociaba con el planeta Júpiter.

En la Biblia recibe el nombre de Herodak y Bel. Era hijo de Ea, dios solar y de Damkina. Vencedor de los monstruos Tiamat y Kingú, con el cuerpo del primero y la sangre del segundo creó el mundo y el hombre, respectivamente.

Su esposa, Sarpanitu (Zarpanit), regía el crecimiento de los vegetales y el poder fecundante de las aguas. Su hijo era el dios Nabu. Su culto quedó desplazado, al predominar los asirios, por el de Assur y Nabu. Su templo era el Esagida, en Babilonia, y en su fiesta, que coïncidia con la del año nuevo, se representaba simbólicamente su lucha con el dragón Tiamat y sus bodas con Sarpanitu. Al vencer a Tiamat los dioses otorgaron a Marduk diez títulos teológicos, que luego ampliaron a sesenta igualando los de Anum.

Valeroso, ambicioso  y además muy bello, ya que el Sol le había dado su luz y su ardor.  Derrotó a los demonios y los precipitó en el abismo, que pasó a ser su morada infernal. Construyó la bóveda celeste y la base del mundo terrestre, cortando por la mitad, formando una ostra, el cadáver de su abuela (Tiamat).  Construyó el firmamento asignando un puesto fijo a las constelaciones; reguló el curso del Sol, que dominó el día, y de la Luna, que gobernó la noche; instituyó el año, que dividió en doce meses y edificó las moradas de Anu, Bel y Ea.  En el nuevo universo quedó sustituido el caos y las sombras por la luz y la armonía.

Trenzó sobre la superficie del océano un vasto cañizo,  lo cubrió de polvo y greda y formó la tierras, con las montañas, los valles y los ríos. Por último, Marduk, formó el primer hombre. Ayudado por Ea, su padre, recogió la sangre del gigante Kingu, la amasó con tierra y obtuvo una arcilla roja con la que formó al primer hombre.

Los dioses fueron plenamente felices y le construyeron un gran santuario para que fuera glorificado para siempre. Este santuario fue la gran ciudad de Babel y Marduk fue la divinidad mayor de Babilonia.

Comparte aspectos de la deidad solar, especialmente relativos a la justicia, imparcialidad y compasión. Su personificación es la de un joven guerrero que combate dragones y su símbolo era el dragón alado con cuernos.

Iconografía

En la iconografía Marduk, generalmente, viste largos ropajes y lleva la característica tiara con cuernos. Se le representó sentado, con el brazo extendido y sosteniendo en la mano el círculo mágico y el bastón, o bien de pie, en actitud de espera. Aparece en un estilete de lapislázuli (Berlín) y en un Kudurnu (Londres).

bibliografia  diccionario enciclopédico Salvat Universal 15º ed 1981//mitosyrelatos.com